Lo admito: adoro los peluches

Cuando la segunda ola de coronavirus asolaba India, mi pareja y yo encontramos consuelo y orgullo en nuestros munecos de felpa.,

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En medio de una pandemia, suelo hablar con un pequeno Chewbacca. Es un juguete de peluche con ojos azules brillantes y un atisbo de sonrisa cosida. Solia hacer rugidos wookiees, una habilidad que por desgracia perdio tras un bano exhaustivo.

Chewie no es el juguete de mi infancia, un nostalgico regreso a un lugar mas seguro. Aunque me averguence admitirlo, lo compre de adulto, como regalo para mi pareja, Bishan, que es un friki de Star Wars. Casi como una broma, le regalamos a Chewie su propia cuenta de Instagram.

Una vez lei que el artista Horst Wackerbarth tomo un sofa rojo y lo fotografio frente a lugares famosos: el Taj Mahal, la selva amazonica, el hielo de Alaska. Empezamos a hacer lo mismo con Chewie, que es mucho mas manipulable como pieza de arte ambulante.

Empezamos a llevar a Chewie de viaje para que posara delante de monumentos, montanas y playas. En el proceso, nos topamos con un mundo de Instagram del que no teniamos ni idea, uno poblado en su totalidad por plushies, un termino en ingles para referirse a los juguetes de peluche. Era como si hubieramos caido en una madriguera y hubieramos salido parpadeando como Alicia en un pais de las maravillas en el que un pinguino llamado Squeeshy llevaba pajaritas, un perro llamado Trashhound retiraba el plastico de las playas y un koala llamado Malish protagonizaba sus propias peliculas de suspenso al estilo de James Bond.

Habia peluches que acompanaban a gente con cancer, peluches de bloguero de viajes profesional, peluches de apoyo emocional y peluches rescatados. Un dia nos dimos cuenta de que Chewie tenia mas seguidores que cualquiera de nosotros. Nuestras vacaciones se habian convertido en sesiones fotograficas de Chewie. Pronto Chewie recibia mas correo que cualquiera de los residentes humanos en casa, desde Eslovaquia, Long Island y Chile. En un viaje a Borneo, le conseguimos a Chewie un amigo: Nozy, un pequeno mono narigon.

Sin embargo, el ano pasado la pandemia acabo con nuestros viajes. En Calcuta, India, nuestra ciudad, Bishan y yo nos mudamos con nuestras respectivas familias a diferentes partes de la ciudad, y nuestros peluches tambien se separaron.

Desde entonces, las aventuras de Chewie se limitan a observar las berenjenas de mi jardin, mientras que Nozy posa con las ardillas de la azotea de Bishan. De vez en cuando organizamos sesiones de fotos paralelas, Chewie en mi arbol de mango, Nozy columpiandose en el arbol de nimbo de Bishan, con lo cual aprendemos a hacer cosas juntos de alguna manera mientras nos vemos obligados a vivir separados.

Cuando Bishan y yo nos conocimos hace 14 anos, yo era escritor y presentador de radio en San Francisco. El era editor de libros en Calcuta, mi ciudad natal. Nos conocimos por internet y nos juntabamos en mis viajes a casa o en las vacaciones en algun lugar. Por lo demas, estabamos literalmente separados dia y noche. Nuestra relacion era virtual. Cuando jugabamos Scrabble en linea, uno de los dos se despertaba por la manana y veia que movimiento habia hecho el otro.

Anos mas tarde, me mude de nuevo a Calcuta para estar mas cerca de la familia. Era la primera vez que Bishan y yo viviamos en la misma zona horaria. La pandemia ha supuesto un nuevo tipo de separacion, esta vez por un encierro y no por oceanos. Ya no jugamos Scrabble. En vez de eso, hablamos sobre lo que Chewie o Nozy publicaron ese dia.

Curiosamente, mientras nuestro mundo se ralentiza, el mundo de los peluches ha crecido de modo vibrante, con etiquetas como #SaturdayPotluckWithChewie, #PlushieColourQuest y #CampHoopLaHooRay2021.

No es una burbuja de negacion de covid. Un peluche se preocupa cuando su humano tiene fiebre mientras otro acompana a su humano el dia de la vacunacion. Alguien tuvo que ser evacuado junto con su humano cuando la pandemia detuvo los vuelos. Ha habido enfermedades y perdidas, incluso muertes. Algunos peluches se toman un descanso de las redes sociales porque sus humanos estan demasiado enfermos o estresados, y el resto del mundo de los peluches espera con paciencia su regreso.

De hecho, los peluches han surgido como improbables caballeros de armaduras afelpadas. Lei sobre un guardia de seguridad de Mumbai que rescato un panda de peluche del tamano de un nino de 7 anos, que habia sido desechado y que el coloco en una silla roja de plastico a su lado.

“Por supuesto, me siento solo”, dijo. “El hombre es un animal social”.

Pero el panda ha demostrado ser un buen companero. Algunos dias, el guardia le coloca una manta sobre las piernas y un gorro sobre los ojos para bloquear el sol mientras duerme la siesta.

El ano pasado una mujer de la Isla del Principe Eduardo, en Canada, inspirada en el libro infantil Vamos a cazar un oso, organizo una caceria de osos de peluche durante el confinamiento. La gente colocaba osos de peluche en sus ventanas y puertas, y los residentes pasaban en su auto para contar los osos.

Tarde mucho tiempo en declararme amante de los peluches. No fui uno de esos ninos que se paso la infancia arrastrando un peluche mugriento y apolillado. Bishan ni siquiera tuvo un peluche cuando era nino. Que hayamos adoptado una coleccion de peluches en la edad adulta es un misterio incluso para nosotros.

Cuando una revista india quiso presentarnos como una pareja gay, incluimos a Chewie en la sesion de fotos; el hizo que pareciera menos escenificada. Mi familia se lo ha tomado con buen humor. Mi madre pregunta por mis “pequenos”. Mi hermana le tejio a Chewie una bufanda de Navidad. Mi sobrino y mi sobrina lo siguen en Instagram. Pero sigue siendo una salida del armario, no menos timida que la salida del armario como hombre gay.

La primera vez que Chewie entro en los rayos X del equipaje de mano y el inspector lo saco de la maleta, recuerdo que me puse rojo y murmure algo sobre un nino inexistente.

Hay que tener cierto valor para posar un pequeno animal de peluche contra una escultura de arenisca del siglo VII y no preocuparse por lo que piensen los demas turistas.

Un amigo que sigue con avidez las aventuras de Chewie dice que su hijo de 7 anos no esta impresionado.

“Pero si no es real”, dijo con una logica irrefutable cuando le mostraron imagenes de las aventuras de Chewie.

Los analistas pueden leer muchas cosas en este apego con los peluches: sustitutos de ninos, infantilizacion, escapismo, transferencia o simplemente adultos aburridos con demasiado tiempo libre. Todo ello es cierto, tal vez, pero tambien hay una alegria no adulterada al comprender que uno puede amar algo de manera tan incondicional, incluso algo inanimado. Es un alivio darse cuenta de que uno no siempre tiene que hacer algo para ganarse el amor. Un pequeno juguete de peluche junto a la almohada puede ser suficiente.

Sin embargo, como todo amor, es tenso. Una vez, en un viaje a la historica ciudad de Hampi, en el sur de India, puse a Nozy entre las esculturas de un templo, tome una foto y me aleje. Horas mas tarde, de vuelta en el auto, nos dimos cuenta de que habia desaparecido.

Bishan, atonito, me grito como si hubiera olvidado a nuestro hijo. Corrimos de vuelta al templo mientras el murmuraba de manera sombria que era imposible encontrar a Nozy en un complejo tan grande y lleno de ninos en edad escolar. Volvimos a comprar las entradas, entramos sin aliento y alli estaba, metido entre dos leones de arenisca, mientras esperaba con paciencia ser rescatado.

“?Que tan irresponsable puedes ser?”, dijo mi hermana mas tarde.

Perdi mi derecho a llevar peluches en ese viaje. Pero mientras estaba alli con los ojos llorosos, agarrando un pequeno mono de peluche, con el corazon todavia latiendo, comprendi que el amor puede crecer en los lugares mas inverosimiles, y que no hay amor que valga la pena si no se siente vulnerable a la perdida.

En esta epoca de covid, el miedo a la perdida nos persigue todos los dias. La segunda ola en India nos golpeo con malas noticias: amigos y familiares que se enferman, hospitales que se quedan sin oxigeno, escasez de vacunas. Cada encuentro con el mundo exterior se siente como una partida de ruleta rusa. El mundo de los peluches nos habia parecido una diversion inocente cuando tropezamos con el con la primera publicacion de Chewie en 2016. Ahora se siente como un refugio, una comunidad que se mantiene unida incluso cuando las cosas se desmoronan a nuestro alrededor.

En un mundo en el que las redes sociales suelen ser una competencia toxica, el mundo de los peluches celebra cien seguidores con tanta emocion como cuando se obtienen mil. Los humanos pasan a segundo plano y rara vez posan con sus peluches, a los que se refieren como “humano”, “companero de piso”, “ayudante” y a veces “mama” o “papa”, pero casi nunca por sus nombres.

Hay escepticos de los cubrebocas, activistas de Black Lives Matter, adolescentes con ansiedad y una abuela de seis ninos, pero al final todo se trata de Zuzu la suricata y Azai el perro tuerto. Los detalles biograficos, la politica y el color de la piel de los humanos siguen siendo ambiguos, como si demasiada informacion pudiera hacer anicos este mundo resplandeciente que se mantiene en pie gracias a una delicada suspension de la incredulidad, una burbuja de jabon iridiscente que flota en una tarde dorada.

Pero, sobre todo, hay algo profundamente tranquilizador en saber que en el dia mas sombrio y desesperanzador hay un peluche al que puedes abrazar. En un mundo socialmente distanciado en el que no nos atrevemos a abrazarnos, eso no es un regalo pequeno.

Sandip Roy es un conductor de radio y escritor que vive en Calcuta, India. Es autor de la novela Don’t Let Him Know.

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